domingo, 27 de mayo de 2012

Camino eterno.



La soledad infinita se cierne sobre mí. Estoy rodeado de desierto. Decido levantarme. Cada paso me abrasa las plantas de los pies, pero es lo único que me queda. Seguir o morir. Lo segundo no es un opción sino una derrota. Cada minuto es una eternidad y mi mente comienza desvariar. Empiezo a ver sombras de mi pasado que había decidido olvidar y que ahora aparecen nítidas a mi lado. Estas me animan a seguir... No lo entiendo... ¿Por qué ahora me animan a seguir cuando los conocí me hicieron la vida imposible deseando morir?

Porque ellos te han hecho ser como eres. Su visión hace que te esfuerces como en aquellos tiempos me dijo, ahora, mi padre. Las imágenes de seres queridos e indeseables se iban sucediendo con desorden en mi mente mientras seguía en el desierto paso a paso.

Lo que me había hecho llegar hasta allí era la necesidad de superar a aquellos que hicieron mi vida una mierda para restregárselo por la cara. Ver sus caras mientras caminaba me hacía pensar lo mucho que deseaba sobrevivir para al fin dejar de verlos y ver a los que de verdad me importan, mi familia, amigos... Ellos, los necesito. Ahora es lo que más ansío y es lo que me da fuerza para avanzar.

El desierto no se termina y no sé donde me encuentro. Voy a sentarme. Estoy demasiado cansado. Al sentarme apareció a mi lado mi abuelo sentado también en el sofá de su casa levantándose con el bastón y diciéndome: "Ves lo bien que camino. A ver si tú eres capaz de hacerlo". Yo me levanté acompañándolo a pasear mientras me contaba batallitas de cuando era joven. Pues con la edad que tiene camina un montón pensé yo y al girarme desapareció. Solo otra vez. Yo contra el destino. ¿Cuántas veces lo había desafiado? Ninguna. Siempre me ha ganado y aquí estamos otra vez cogidos, un mano a mano eterno, que solo termina con la muerte aunque yo me resisto... Quiero dejar de ver a mis peores enemigos y ver mi familia y este es un camino que tengo que recorrer solo. Sin ayuda de nadie ya que no hay nadie que me pueda ayudar. Cuando entendí eso dejé de quejarme por las heridas en mis pies descalzos y seguí avanzando.

Llegó la noche. Acompañado por las estrellas seguí caminando mirando hacia el cielo y vi una estrella fugaz y siguiendo su estela divisé unas luces que indicaban humanidad. Seguí caminando ansiando que esa visión fuese real.

Me encontré rodeado por mi familia celebrando alguna fiesta todos contentos y bebiendo aunque noté algo raro en aquella escena maravillosa. Me miré los pies e iba descalzo y llenos de arena pero tal era mi alegría que no le di importancia porque estaba con mi familia de nuevo y nadie podía arrebatármelo. Cuando terminó la fiesta me invitaron a seguir con ellos toda la eternidad.

Reflexiones de una noche de insomnio.

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