La soledad infinita se cierne sobre mí. Estoy
rodeado de desierto. Decido levantarme. Cada paso me abrasa las plantas de los
pies, pero es lo único que me queda. Seguir o morir. Lo segundo no es un opción
sino una derrota. Cada minuto es una eternidad y mi mente comienza desvariar.
Empiezo a ver sombras de mi pasado que había decidido olvidar y que ahora
aparecen nítidas a mi lado. Estas me animan a seguir... No lo entiendo... ¿Por
qué ahora me animan a seguir cuando los conocí me hicieron la vida imposible
deseando morir?
Porque ellos te han hecho ser como eres. Su visión
hace que te esfuerces como en aquellos tiempos me dijo, ahora, mi padre. Las imágenes
de seres queridos e indeseables se iban sucediendo con desorden en mi mente
mientras seguía en el desierto paso a paso.
Lo que me había hecho llegar hasta allí era la
necesidad de superar a aquellos que hicieron mi vida una mierda para
restregárselo por la cara. Ver sus caras mientras caminaba me hacía pensar lo
mucho que deseaba sobrevivir para al fin dejar de verlos y ver a los que de
verdad me importan, mi familia, amigos... Ellos, los necesito. Ahora es lo que
más ansío y es lo que me da fuerza para avanzar.
El desierto no se termina y no sé donde me
encuentro. Voy a sentarme. Estoy demasiado cansado. Al sentarme apareció a mi
lado mi abuelo sentado también en el sofá de su casa levantándose con el bastón
y diciéndome: "Ves lo bien que camino. A ver si tú eres capaz de
hacerlo". Yo me levanté acompañándolo a pasear mientras me contaba
batallitas de cuando era joven. Pues con la edad que tiene camina un montón
pensé yo y al girarme desapareció. Solo otra vez. Yo contra el destino. ¿Cuántas
veces lo había desafiado? Ninguna. Siempre me ha ganado y aquí estamos otra vez
cogidos, un mano a mano eterno, que solo termina con la muerte aunque yo me
resisto... Quiero dejar de ver a mis peores enemigos y ver mi familia y este es
un camino que tengo que recorrer solo. Sin ayuda de nadie ya que no hay nadie
que me pueda ayudar. Cuando entendí eso dejé de quejarme por las heridas en mis
pies descalzos y seguí avanzando.
Llegó la noche. Acompañado por las estrellas seguí
caminando mirando hacia el cielo y vi una estrella fugaz y siguiendo su estela
divisé unas luces que indicaban humanidad. Seguí caminando ansiando que esa
visión fuese real.
Me encontré rodeado por mi familia celebrando alguna
fiesta todos contentos y bebiendo aunque noté algo raro en aquella escena
maravillosa. Me miré los pies e iba descalzo y llenos de arena pero tal era mi
alegría que no le di importancia porque estaba con mi familia de nuevo y nadie
podía arrebatármelo. Cuando terminó la fiesta me invitaron a seguir con ellos
toda la eternidad.
Reflexiones de una noche de insomnio.

