Empieza
el día. Una cancioncilla se mete por tus oídos hasta que tu inconsciente
cerebro se despierta y entiende que tiene que obligarte a abrir los ojos y
volver a la realidad que te rodea. Cuando lo haces lo primero que sientes es el
calor que te envuelve dentro de la cama. Eso dura poco... sabes que te tienes
que mover y afrontar este día con una sonrisa aunque así como van las cosas lo
único que quieres gritar, llorar y pedir porque el destino te odia tanto como
para hacerte sufrir de esta manera. Analizas el último año y las cosas malas
superan las buenas, todas las cosas que te habías propuesto hacer no las has
cumplido, el recuerdo de esa persona que se ha ido es aun tan fresco que no te
puedes hacer a la idea y eso que tuve tiempo pero eso era una mera ilusión
porque su ausencia es demasiado grande. Todo eso lo piensas antes de poner un
pie en el frío suelo y te levantas porque la vida sigue o eso parece porque
todo está oscuro. Lentamente el cuerpo se va activando y te desperezas y notas,
ahora sí, como te envuelve ese aire gélido de la mañana. Desayunas, te vistes y
te marchas. Sales de casa y es tan pronto que ni las calles se han levantado.
Tienes que saltar de portal en portal para no caer en el vacío aunque muchas
mañanas piensas que solo sería dar un paso y terminar y piensas que es
demasiado pronto para pensar con claridad. Al llegar saltando a la parada del
autobús veo que la vida de la gente sigue y por consecuencia la mía también. Llegas
a la conclusión de que algún día tocará que todo lo que te propongas vaya bien,
pero con eso no me quedo suficiente convencido. La inercia hace que sigas con
el ritmo, subas al bus y vayas a palma y llegues al metro. Ahora llega el
momento más bonito del día y es cuando llegas a la parte destapada del
recorrido del metro. Sales a la superficie y ves el cielo anaranjado, el perfil
de las nubes ocultan lo que les da el color y mientras avanzas el sol va
saliendo de detrás de ellos, te captura con su naranja y te ciega
momentáneamente pero no puedes quitar la vista de él porque al igual que tú
también se está despertando para afrontar con energías renovadas el día. Si el
sol nos da la vida cada día al salir perezoso de detrás de las nubes, yo con
luz en el corazón no daré la vida a todo el mundo pero sí a toda la gente que
me rodea y ellos con su luz reforzarán la mía hasta deslumbrar tanto como el
sol.
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